Deje oxidar mi caldero, mi athame se partió.
Quemado se fue mi pentaculo.
El incienso se enmoheció.
Todo fue para que renaciera.
Todo fue un amargo Transito.
Todo fue para que recordara quien soy yo.
Solo para aprender que la magia Está en mi,
que la magia es mi corazón y que hija de los dioses soy yo.
Hoy me levantan las manos de gigantes.
Guían mis pasos su aliento.
Nada temo todo es perfecto.
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